BIENVENIDOS AMIGOS !!!



En esta pagina podéis ver a un grupo de compañeros cordados en una misma ascensión y que no es otra que aventurarse en lo que más les apasionan: LAS MONTAÑAS; senderismo, alpinismo, espeleología, barrancos …son una muestra de las actividades realizadas por el EQUIPO A media horita durante todo el año.



Mario, Miguel Ángel, Javi, Fran, Manolo, José Luis y Sergio Eusebio son el grueso de este Equipo, pero no son los únicos, en numerosas ocasiones hay amigos que se deciden en dar un pasito al frente y nos acompañan en nuestras aventuras, vosotros podéis ser uno de ellos, animo y nos vemos en la cumbre…



Como no sabían que era imposible, lo hicieron.







Anónimo.

jueves, 28 de junio de 2012

SIERRA NEVADA.LAGUNA LARGA-CORRAL DEL VELETA.

“Caminante, son tus huellas

el camino nada mas;

caminante no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace camino,

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino,

sino estelas en la mar”.

Yo creo que Antonio Machado, en una visión futurista, se inspiró en nuestras aventuras para hacer su metáfora de la vida. Y es que en estos días en Sierra Nevada hemos andando por sendas y caminos, pero también, ha habido pasos que no volveremos a pisar y hemos subido cumbres que no volveremos a ascender, porque cuando los hitos desaparecían, el andar, se hizo camino, caminos que aunque intentemos volver, serán estelas en el mar.

Tras varios meses buscando la fecha para materializar la idea, ahí nos encontrábamos Mario, Miguel Ángel y el que escribe, Eusebio.

 Esta vez no íbamos a empezar la aventura debajo de un cartel indicador de la ruta, no, esta vez, nos encontrábamos delante del televisor del apartamento de Miguel Ángel, en Prado Llano, con cerveza en mano y sufriendo con el España-Croacia. Tras el partido, seguimos el ritual de las cartas, con los chupitos de pacharan. Y tras varias jugadas, tocó acostarse. Que raro parecía todo, si no fuera porque desde lo alto de la litera, veía las mochilas y en mi paladar todavía permanecía el sabor seco y dulzón del pacharan, ya que las malditas cartas, no me favorecieron esa noche.
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A las seis de la mañana ya estábamos los tres en pie, aunque, hubo alguno que maldijo lo temprano del toque de diana (si supiera lo que le esperaba la segunda noche) ja ja ja ¡!!.

Habíamos terminado de desayunar, cuando por la ventana del apartamento intuyo, lo que en los días anteriores los partes meteorológicos predecían, lluvia, acompañado con algún que otro crujir de truenos. Tras varios amagos, decidimos salir al fin sobre las ocho de la mañana y replantearnos hacer la ruta del día, a la inversa, ya que en caso de empeoramiento del tiempo, tendríamos más donde refugiarnos. Por lo que decidimos dirigir nuestros pasos al Refugio de la Carihuela, la cual, se encuentra a 3.200 metros de altitud y muy cerca del Pico del Veleta (3.395 m.).
 
 No habíamos más que hecho subir un par de repechos por las pistas de esquís de Borreguiles, las nubes que no habían dejado de desaparecer, vuelve a dejar caer una intensa lluvia. Por suerte nos encontrábamos cerca de una especie de túnel artificial, que hace las funciones de paso a nivel, donde entre una especie de protectores rojos, improvisamos un refugio, contra la lluvia y el frío, que a esas horas y con el fuerte viento, calcularía una sensación térmica de unos 5º.
 
 Una vez escampado, decidimos retomar la subida con un poco de cabreo, porque la intensa niebla, ocupaba todo el campo de visión y predecíamos que no nos iba a dejar avanzar mucho, ya que la segunda parte del recorrido, ninguno de los tres la conocíamos y no nos íbamos aventurar a jugarnos el tipo innecesariamente, máxime, cuando la lluvia, los truenos y las rachas de vientos, te hacían frenar en seco; en un  paso de un collao a más de tres mil metros, podría ser algo más que peligroso.

Lagunillos de la Virgen 
Sobre las once de la mañana y tras haber pasado por los Lagunillos de la Virgen, llegamos al refugio de la Carihuela y cual es nuestra sorpresa, nos encontramos en el interior un grupo de jóvenes, con edades comprendidas entre 12 y 20 años y de nacionalidad Británica. Gracias a que uno de ellos hablaba castellano, nos enteramos que venían de un Colegio Internacional de Murcia y que venían a una especie de aventura de superación, en plan orientación.

Allí permanecimos durante dos horas en espera de que levantara un poco el tiempo, mientras tanto, alguno pegaba una cabezadita sobre la mesa, mientras Mario y yo intercambiábamos conversaciones con el grupo de jóvenes. Como dato curioso, uno de ellos, que era Escoses y con el cual nos hacia de interprete con el resto, nos comentó, que le gustaba los juegos de cartas y el que más le gustaba, era el mismo que jugamos nosotros cuando estamos en la montaña, pero le comentamos al chaval, que nosotros le añadíamos la norma del que pierde, tiene que beberse el chupito de pacharan y que la noche anterior, estaba claro quien perdió más veces de los tres, sí , el tío con barbas, que venia con nosotros y que estaba con la cabeza apoyada sobre la mesa del refugio. El y el resto de sus compañeros cogieron lo que queríamos decirle y nos reímos todos, mientras Miguel Ángel seguía a su rollo ja ja ja ¡!!

En la espera, apareció un matrimonio ruso y por lo que pudimos entender, venían desde Siete Lagunas, habían subido al Mulhacén  con granizada incluida y habían seguido andando bajo la tormenta, hasta el refugio donde nos encontrábamos, para hacer noche. Increíble !!!, habían hecho toda esa ruta, con un librito cartográfico y con un temporal del quince, donde en ocasiones no veías a más de veinte metros. Éramos nosotros que conocíamos esa ruta y no nos atrevíamos salir del abrigo del refugio…

Viendo que el panorama no mejoraba, decidimos almorzar y así ganar un poco de tiempo en espera de que mejorase la meteorología. Tomando también la decisión, de no avanzar más que hasta el refugio de la Caldera, (3.050m) la cual, se encuentra a los pies del Mulhacén (3.482 m.) y hacer noche allí.

 Trascurrido el tiempo, el grupo de jóvenes, tomaron la decisión de salir, por lo que nos emplazándonos con ellos, para esa misma noche en la Caldera. Nuevamente nos sorprendió, viendo como la más joven (unos 12 años) portaba una mochila de igual tamaño que la nuestra y como meticulosamente, habían dejado el refugio, sin el más mínimo resto de basura, cosa que deberíamos aprender alguno que subimos y utilizamos estos refugios gratuitamente.

Serian las una y media y con las nubes atrapadas en el corral del Veleta, dirigiríamos nuevamente nuestros pasos, hacia el refugio de la Caldera, por el carril que te lleva a los mismos pies de esta.


La mañana había sido desagradable, pero la tarde se había quedando muy bonita, viendo como las luces atravesaban las nubes e incidían en los valles, dando un aspecto de grandiosidad y majestuosidad.

Serian las tres de la tarde, cuando tras atravesar por debajo del Cerro de los Machos (3.324m.) y los Crestones de Río Seco, teníamos enfrente Loma Pelá. Detrás de ella se encontraba el Refugio de La Caldera, que para llegar a ella teníamos dos opciones.  Una, seguir andando por el carril que traíamos y la cual tras rodear la loma, nos llevaría a los pies del refugio o atajar subiendo por la loma y luego bajar a la Laguna de la Caldera y seguidamente al refugio del mismo nombre. Pero recordamos que siguiendo el carril a poca distancia donde nos encontrábamos, se hallaba otro refugio llamado de Loma Pelá. Desconocíamos el estado que se encontraba esta, pero sopesamos el estar solos con nuestro cachondeo, las cartas X, el pacharan y los peos…a estar con los chavales en plan modositos y sin dar entender a estos, que somos más cafres que ellos.
Collao del Lobo


Raspones y laguna de Río Seco

A los pocos minutos, estábamos junto al refugio de Loma Pelá, que aunque su fachada exterior nos dio un aspecto de corraleta, el interior se encontraba en buen estado, con literas de madera y mesa de mampostería y tablón de madera y a pesar de gotear por algunas partes del techo, a causa de la lluvia de por la mañana, decidimos hacer noche allí.
Refugio de Loma Pelá.

Mientras Miguelito volvía echarse una siestecita, Mario y yo, decidimos aprovechar la tarde que se había quedado de lujo, para otear un poco más adelante, para averiguar un poco la continuidad de la ruta del día siguiente.

Al llegar a la laguna de la Caldera, decidimos ascender al Puntal de la Caldera (3,226 m.) y desde allí, ver como estaba el otro lado, donde se encontraba uno de nuestros objetivos de la andada, la Laguna Larga.

Laguna de la Caldera.
Tras ascender por un sendero que desde abajo de la Caldera se veía comprometido, llegamos a ver la laguna, pero no mucho más, porque las nubes tapaba todo los valles que la circundaban, por lo que decidimos volver junto a Miguel Ángel para cenar.

El Mulhacén cazando nubes.
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Mulhacén,refugio y laguna de la Caldera. Ah! y Mario.
Eusebio, Puntal de la Caldera y Mulhacén.


Una cabra en el horizonte.

Mario mirando al horizonte.
Cenar a las seis de la tarde!!! Si!, y a las nueve metidos en el sobre, con media botella de pacharan sobre la mesa sin beber. Se notó que faltaban el resto del equipo, en otras ocasiones, nos habría sido insuficiente los dos litros de este apreciado liquido montañero…





Mi cena, un delicioso Cuscus, elavorado artesanalmente.
Lo positivo de este horario ingles, nos vino bien para levantarnos a las cuatro de la mañana, bueno… auque hubo quien no pego ojo en toda la noche, en especial Mario y un misterioso amigo, no invitado en el refugio, que en numerosas ocasiones rebuscaba algo que comer entre nuestras bolsas de comida.
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Eran las cinco de la maña y ya teníamos los infiernillos a tope, calentando agua para desayunar. Una vez compartido desayuno, salimos sobre las cinco y media con los frontales encendido y con un manto de estrellas sobre nuestras cabezas, al fondo el Mulhacén y el collao del Ciervo, por donde ya despuntaba el día.
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En la subida al Collao, te encuentras varias vías para subir. Desde el Refugio de la Caldera, unas se dirigen para ascender el Techo de la Península y otros para el collao, pero por la que optamos, nos llevo directo a las paredes intermedias del Mulhacén. Abajo veíamos la Laguna de la Mosca, punto inicial para empezar la andadura por lo desconocido. Pero desde donde estábamos, no veíamos un descenso nada fácil. Mis dos compañeros tanteaban como bajar, mientras yo, en mi interior, deseaba que no fuera por ahí, ya que no me defiendo muy bien descolgándome por esas paredes, en las cuales, el más mínimo descuido, te harían caer cientos de metros.

Por lo que no quisimos jugárnoslas y decidimos descender por la vía normal hasta la Laguna de la Mosca. En ella nos dimos un respiro y cada uno fue a lo suyo, El Migue a dar una cabezadita, Mario en busca de su momento José Coronado, y yo, a rellenar las cantimploras e intentar capturar la belleza de estas montañas, con la cámara de fotos. Esta claro que no lo conseguí, verlo en directo, sobrepasa cualquier objetivo y megapíxeles de una cámara.

Viendo despuntar el dia en Laguna de la Mosca.


Como dato curioso y aquí lo comento para futuros montañeros que decidan pernoctar en esta zona, deciros que en el lado opuesto de la laguna, debajo del Mulhacén, hay un bidón estanco de color azul, que sirve como antizorros, en este puedes guardar la comida y el calzado, para así, evitar la travesura de estos animalitos tan simpáticos, que te pueden aguar una noche.

Bueno y a partir de este punto, empezaba la autentica aventura. De los tres que nos hallábamos allí, ninguno habíamos hecho la ruta que teníamos previsto en adelante. La ruta a seguir seria Laguna de la Mosca-Laguna Larga-Corral del Veleta-Prado Llano.
Laguna de la Mosca y Juego de Bolos.
La única referencia que teníamos, era la de algunas crónicas que habíamos leído en los foros por internet, ya que en el mapa que portábamos, no venia señalado ruta ninguna, que te ayudara a seguir un itinerario correcto y directo a nuestros objetivos.
Por lo que decidimos tomar en principio, la dirección de unos hitos que encontramos en la base de la Laguna de la Mosca, pero que a los pocos minutos nos dimos cuenta que no era la que buscábamos, ya que esta, se perdía en la bajaba de la chorrera de esta, no encontrando  ninguna otra que nos llevase a girar a izquierda, buscando los espolones que bajaban del Puntal de la Caldera.

 Y allí nos encontrábamos los tres, sin saber muy bien que hacer. Había dos opciones, una, desde la posición que nos encontrábamos seguir bajando por la chorrera de la Mosca dirección Verea de la Estrella, para continuación, en el momento que la montaña nos lo permitiera, pasar al siguiente valle y remontar el río Valdeinfierno, hasta la Laguna Larga o bien, jugarnos el tipo subiendo la montaña de más de tres mil metros que teníamos encima nuestra, sin saber muy bien que podíamos encontrarnos detrás de ella.
Por suerte elegimos la opción más acertada, aunque subir aquella montaña, nos supuso andar por ella a cuatro patas, con el mochilón a las espaldas y dar por justo, el por que del nombre Juego de Bolos. Subir aquella montaña, era subir por una pala, donde tus pies tenían que saber donde apoyarlos, ya que en caso contrario, retrocederías varios metros hacia atrás, ya que todas las piedras no estaban afianzadas al terreno y máxime cuando de vez en cuando las rachas de viento te tiraban para atrás.
Subida a Juego de Bolos.


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Mario y detrás, cara norte del Mulhacén.

Una vez en la cima, pudimos ver por donde venia la verea que teníamos que haber tomado y la cual, tras pasar por los espolones de la Caldera divisamos abajo, la gran Laguna Larga. Una vez que llegamos a ella, nos recostamos en la hierba que circundaba esta y nos tomamos un respiro, tomándonos una pieza de fruta y dejándonos atrapar por la tranquilidad de aquel paraje.
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Laguna Larga.
Finalizado esta parada, proseguimos una verea que partía desde la misma laguna, pero que nuevamente, tomamos la errónea, ya que tras varios minutos de subida, esta seguía su ascenso hacia los Crestones de Río Seco, alejándonos de la dirección que debíamos tomar, por lo que decidimos bajar de nuevo y buscar otra verea que tomase dirección a La veta Grande, el último paredón antes de bajar al corral del Veleta y el cual desde la cima que subimos con anterioridad, se veía inaccesible, exceptuando un paso que se nos antojaba desde la lejanía, bastante comprometida.

El pico más alto,Cerro de los Machos.¿Os imaginais por donde pasamos?
Foto anterior apliada y en rojo la ruta seguida llamada Veta Grande.
Miguel Ángel señalando el Cerro de los Machos.
Tras varios minutos buscando la senda buena, lo conseguimos divisar y ya nos apartaríamos de ella, hasta llegar a Veta Grande. Tras atravesar todo el Corral de Valdeinfierno, nos encontrábamos debajo de aquel único paso que nos dejaría caer al otro lado de aquella pared. Ante nosotros teníamos una subida de unos doscientos metros, por donde el “sendero” pasaba por morrenas y paredes con patios de centenas de metros de caída libre. Pero una vez que te adentras no nos pareció tan expuesto y es que te das cuenta, que las vereas de estas montañas, son tan insignificantes entre estas enormes paredes, que donde te crees que son inaccesibles, hay una que te llevan a lo más alto de una montaña o te elevan a un collao el cual te da paso al siguiente valle.
Veta Grande, detras Alcazaba y Mulhacén.
Después de una veintena de minutos de ascenso, llegamos al collao y desde allí, ya divisábamos el siguiente  y ultimo valle que nos llevase a Prado Llano. Entre nosotros y los Tajos del Campanario, se encontraba el corral del Veleta, donde desde la misma base partían pequeños arroyos, que a medida que se cerraba el valle formaba un autentico torrente al cual llaman, el Guarnon, afluente del Rio Genil.

Corral del Veleta.
Desde la altura divisamos una marcada verea que nos haría descender cómodamente, pero al llegar abajo del corral, se difumina al igual que los hitos que íbamos siguiendo, por lo que optamos abrirnos los tres en busca de estas marcas, pero fue infructuoso, pero no quedaba otra que subir en busca de la salida la cual llaman el Veredon, una especie de paso que a los que practican el ascenso al Veleta por el canuto de esa cara, desciende por ella.

Yo, que estuve hacia escasos quince días antes en Sierra Nevada, pude comprobar que ese paso se encontraba tapada algunas partes con neveros y así se lo hice saber a mis compañeros y que en caso de perdurar, seria muy comprometido pasar por ellos sin crampones, a pesar de que estuviera abierta por la continua pisada del resto de montañeros, un mínimo resbalón caerías al vacío irremediablemente.

Mientras yo comentaba esto a mis compañeros, ellos se desinhibían permaneciendo tumbados en la verde hierba, dejándose atrapar por el chapoteo de los distintos arroyos que nos rodeaba, por lo que opte por hacer lo mismo y evadirme por un rato y dejar la mente en blanco y disfrutar de aquella paz, que el aire fresco de aquella mañana, atrapaba, trayéndote el olor de hierba fresca y el sonido de un agua joven.
A la izquierda superior, Pico del Veleta.

Después de recargarnos de energía, empezamos a remontar aquél Veredon, esperando que la nieve hubiese desaparecido. Por suerte así fue y la senda se encontraba limpia, exceptuando una fina cornisa de nieve encima nuestra, que no nos impediría subir hasta las Posiciones, fin de aquella subida y que tras descender un poco ya teníamos Prado Llano a nuestros pies.
Miguel Ángel subiendo a la entrada del Veredon.
Base del Veleta, dode en sus canutos hacen las delicias los Alpinistas.



Veleta, vista desde el Veredón.

Serian las dos de la tarde y ya nos encontrábamos de nuevo en el apartamento de Miguel Ángel, engullendo el resto de comida que nos sobro del otro día, después de una merecida ducha y con la satisfacción de lo vivido y lo justificado del “madrugon”.
Bueno y aquí termina el relato de lo que fue estos días en Sierra Nevada, el mal tiempo de la primera jornada, nos trunco la segunda parte del plan, el cual, era de haber explorado la parte oeste de la Sierra, haciendo una circular desde El Refugio de la Cahiruela, pasando por los Tajos de la Virgen, Elorrieta, Refugio del Caballo y vuelta para atrás, por el Valle del Lanjaron.
Pero bueno, disfrutamos mucho de lo andado, ya que siempre íbamos con el gusanillo de que era lo que nos íbamos a encontrar, tras atravesar algún collao y adentrarte en un nuevo valle, haciéndote sentir una parte minúscula en este mundo de las grandes montañas.

Un saludo de vuestro compañero Eusebio y nos vemos en la siguiente.